Hace un par de años, Felix Albo nos enviaba textos de otros narradores y narradoras que le habían hecho pensar. Nos envió uno de Virginia Imaz, una reseña autobiográfica estupenda. Me dió mucho qué pensar. En aquel momento escribí esto que ahora copio, porque me resulta de nuevo pertinente:
"Me encanta esta reseña autobiográfica de Virginia. Divertida. Inteligente.
Me gustan muchas cosas y creo que da para hablar bastante. De los comienzos
y de estar en la periferia de la periferia, como señaló Pep, por ejemplo.
Mirad estas dos frases: "Ser payasa me hizo conocer el arrabal del suburbio
de la marginalidad de la periferia del teatro, que ya es de por sí bastante
residual", "pasé de ser una maestra con ínfulas escénicas a tener ínfulas a
secas". Qué importante es no tomarse demasiado en serio a sí mismo. Y qué
bonito eso de hacer un oficio del hecho de que nadie te tome en
serio. Pero creo que me apetece pensar sobre todo en la resistencia: "ser artista, tiene que ver con una resistencia íntima e indesmayable a cualquier intento de ser etiquetado". Acabo de leer en un texto de Berger (Algunos pasos hacia una pequeña teoría de lo visible) que pintar es un acto de resistencia que puede crear esperanzas.
Las dos reflexiones se me han mezclado.
Los seres humanos necesitamos
clasificar, poner orden, y esto es bueno. Pero a veces se nos olvida que el
orden es algo que nosotros hacemos, no algo que venga dado. No es la
condición de la existencia. Buscamos un orden: divino, racional, moral...
Queremos que la vida, el mundo, sean claros y tengan significado. Y en esta
búsqueda que nos lleva a veces a caminos muy hermosos, como contar cuentos
por ejemplo, nos confundimos y creemos que el orden que encontramos, que inventamos, es el único posible, que es la realidad. Que es lo que hay.
Confundimos las clasificaciones que hemos inventado para entender la
realidad con la realidad misma. No sé si alguna vez os he hablado del
famoso caso del o platipo. Ese animal rarísimo, del que me he
enterado ayer viendo la tele (sí, veo concursos para comer si como sola)
que además es venenoso. El ornitorrinco es una colección de rarezas: un
mamífero con pico, que pone huevos y es venenoso. Tan raro es que cuando
los científicos tuvieron las primeras noticias de su existencia pensaron
que eran mentiras de viajero. Y como el animalito soportaba mal los viajes
desde su Australia natal hasta las sociedades científicas de Inglaterra, se
puso en duda que realmente hubiera un bicho tan raro. Desde 1798 hasta la
última década del siglo XIX el ornitorrinco causó problemas. La principal
objeción del mundo científico era sencillamente que un animal así no
encajaba en los libros de texto, que no tenía un lugar en la tabla de
Linneo. Y si no tenía un lugar en la tabla, no podía existir. Pero existía.
Y hasta que alguien le inventó una clasificación aceptable, que no
destrozara la de Linneo, los científicos sufrieron enormes dolores de
cabeza. Admitir que las etiquetas nos valen pero que son provisionales y
hay que estar preparados para tirarlas a la basura o reformularlas es algo que nos cuesta mucho. Puedo imaginarme perfectamente a Virginia, mucho más que cualquiera de nosotros, metida a ornitorrinco. Incomodando con su sola existencia. Y haciendo del incómodo hecho de existir un acto de
resistencia, o sea, una demostración de que las cosas son o pueden ser de
otra manera.
Berger dice que "cuando la imagen pintada no es una copia,
sino el resultado de un diálogo, la cosa pintada habla, si nos paramos a escuchar." Y añade que esta colaboración entre lo que se pinta y el
pintor, entre la cosa pintada y quien mira, nos permite reconocer la existencia del mundo y sentirnos reconocidos también por él. Nos sentimos acompañados. Acompañados y resistiendo contra quienes anulan el diálogo y lo sustituyen por la búsqueda de beneficios. Es muy hermoso y me conmueve que hable de la pintura como a mí me gustaría saber hablar de nuestro oficio. Mirad esto:
"Cuando una pintura carece de
vida se debe a que el pintor no ha tenido el coraje de acercarse lo
suficiente para iniciar una colaboración."
Y más adelante
añade:
"Acercarse significa olvidar la convención, la fama, la razón, las jerarquías y el propio yo. También significa arriesgarse a la incoherencia, a la locura incluso. Pues puede suceder que uno se acerque demasiado y entonces se rompa la colaboración y el pintor se disuelva en el modelo. O el animal devora o pisotea al pintor."
Me
divierte ahora pensar que acercarse puede ser también entrar por la puerta
de servicio. Que es una forma interesante de hacerlo. Qué misteriosas son
las puertas de servicio. Cuando las abres y entras por ellas, llegas a la
cocina directamente. Como cuando entras por la puerta de artistas a un
teatro: sabes que vas a entrar en las tripas, que por ahí se va al
escenario. Te acercas tanto que no ves lo que normalmente se te ofrece para
ser visto, ves el detrás, la trampa, el decorado falso, la basura en la
cocina, el fogón sucio. Ves lo que habitualmente se escamotea, todo el
trabajo y la colaboración y la gente que hace falta para llevar un plato
bien servido a la mesa.
Acercarse, en nuestro periférico, barato,
adaptable, resistente oficio, es el riesgo y la ley. Es aquello con lo que
no cuentas si sigues el espejismo del teatro "fácil". Es lo que te pone en
peligro de ser devorada, o de disolverte en el público.
Acercarse,
desbaratar las etiquetas, ornitorrincos y puertas de servicio. Resistencias
íntimas. Seguramente, el lugar extraño donde vive lo que hay de
irreductible en lo que hacemos, en lo que somos."
Magda
"Los primeros que inventaron, que dieron su nombre a las constelaciones eran contadores de cuentos...el imaginar las constelaciones no modificó las estrellas, ni tampoco el negro vacío que las rodeaba, lo que cambió fue el modo de ver el cielo nocturno." John Berger
jueves, 11 de agosto de 2011
sábado, 30 de julio de 2011
Sobre la ficción
Un estupendo artículo de Antonio Muñoz Molina, El miedo de los niños, da vueltas en torno a la ficción y su necesidad. Habla también de narradores ambulantes, grandes historias y bosques de ahora. Leedlo completo, es muy interesante. Extraigo un fragmento porque creo que coloca el oficio de contar historias oralmente en un hermoso lugar. Dice Muñoz Molina:
"La ficción es muy anterior a la literatura y mucho más universal y más importante que ella. Narradores extraordinarios no han escrito nunca. A lo largo de la mayor parte de la historia humana, ni siquiera han sabido que existía la escritura, ni la han necesitado. La escritura tiene unos cinco mil años, y su fin primordial no fue la transmisión de historias, sino el registro de bienes almacenados y de transacciones comerciales. Los mismos comerciantes que desde hace muchos millares de años llevaban de un lado a otro conchas perforadas, puntas de flechas de pedernal, bloques de lapislázuli o de ámbar, llevarían también consigo historias escuchadas o vividas en territorios lejanos que tendrían siempre una parte de maravilla y otra de familiaridad."
Me parece bonito que un escritor me diga que el oficio que ejerzo (para el cual tantas veces pretendemos extraer prestigio desde otros oficios, como el literario, por ejemplo) es anterior a la literatura y más importante que ella. Gracias, señor Muñoz Molina.
En cualquier caso, y sea cual sea la forma que elijamos para contar la ficción, sé que es necesaria porque ella me ayuda a comprender, me acompaña, me abre al mundo. Soy, no sólo todo lo que me ha sucedido, sino las historias que me cuento para intentar entender lo que vivo y todas las historias que alguna vez escuché, ví, leí, y me conmovieron. Ellas están en mi cuerpo y mi memoria, me pueblan, como yo pueblo este mundo grande, bello y terrible.
(Imagen de Sarah Moon para la "Caperucita roja" que editó Anaya en 1984)
Magda
"La ficción es muy anterior a la literatura y mucho más universal y más importante que ella. Narradores extraordinarios no han escrito nunca. A lo largo de la mayor parte de la historia humana, ni siquiera han sabido que existía la escritura, ni la han necesitado. La escritura tiene unos cinco mil años, y su fin primordial no fue la transmisión de historias, sino el registro de bienes almacenados y de transacciones comerciales. Los mismos comerciantes que desde hace muchos millares de años llevaban de un lado a otro conchas perforadas, puntas de flechas de pedernal, bloques de lapislázuli o de ámbar, llevarían también consigo historias escuchadas o vividas en territorios lejanos que tendrían siempre una parte de maravilla y otra de familiaridad."
Me parece bonito que un escritor me diga que el oficio que ejerzo (para el cual tantas veces pretendemos extraer prestigio desde otros oficios, como el literario, por ejemplo) es anterior a la literatura y más importante que ella. Gracias, señor Muñoz Molina. En cualquier caso, y sea cual sea la forma que elijamos para contar la ficción, sé que es necesaria porque ella me ayuda a comprender, me acompaña, me abre al mundo. Soy, no sólo todo lo que me ha sucedido, sino las historias que me cuento para intentar entender lo que vivo y todas las historias que alguna vez escuché, ví, leí, y me conmovieron. Ellas están en mi cuerpo y mi memoria, me pueblan, como yo pueblo este mundo grande, bello y terrible.
(Imagen de Sarah Moon para la "Caperucita roja" que editó Anaya en 1984)
Magda
martes, 28 de junio de 2011
Políticas culturales
Durante estos días, narradores y narradoras estamos alborotados. Con toda la razón del mundo. Una convocatoria del Ayuntamiento de Madrid para la privatización de la gestión de las sesiones de narración oral en las Bibliotecas Públicas Municipales nos ha revuelto. Nos ha revuelto las tripas, por ejemplo, por lo que tiene de insulto a nuestra profesión, una de las que tiene cachés más bajos en el mundo de la cultura, y que ahora lo tendría aun más. Para saber de qué hablo, mira aquí.
Eso es lo que se llama externalizar servicios. Las empresas privadas, para reducir costes, externalizan servicios que no tienen que ver con la tarea, el objetivo, la razón de ser de la empresa. Así que se suelen externalizar, por ejemplo, los servicios de limpieza o seguridad. ¿Cómo es posible que el Área de Gobierno de Artes o la Dirección General de Archivos, Museos y Bibliotecas considere las actividades culturales que se realizan en las bibliotecas como servicios que se pueden externalizar? Los clubes de lectura, las sesiones de narración oral de cuentos, son actividades de animación a la lectura. Si las bibliotecas son algo más que almacenes de libros, estas actividades son parte fundamental del trabajo que se debe realizar en ellas para que sus fondos se usen. Sería como si para reducir gastos en el Real se externalizara la contratación de los cantantes y se pagara de modo que finalmente un grupo de animadores socioculturales con buen oído y algo de formación musical cantara. Pero a lo mejor para mucha gente de la administración las bibliotecas son solo almacenes de libros. Y poco importa si se usan o no. Está claro que su modelo no es el de una biblioteca como un lugar de cultura y dinamización cultural, sino algo más parecido a un videoclub, una especie de lugar de alquiler de libros. Y si finalmente el préstamo de pago en bibliotecas se hace realidad, el modelo de funcionamiento será, desde luego, el de un video club.
Ocurre, además, que las actividades culturales de las bibliotecas son gratuitas. Cualquiera puede tener acceso a ellas. Y a eso se llama democratización de la cultura ¿no? Cuando las cosas cambian del modo como están cambiando, no es sólo que bajen los cachés, sino que se cambia un modelo de política cultural por otro. Apuesto a que no habrá rebajas de los cachés en los grandes eventos, esos que no son gratuitos. O en los eventos que se realizan puntualmente y son muy visibles, de relumbrón, como La Noche en Blanco o La Noche de los Libros. Se sustituye una labor semanal, cotidiana, que apenas tiene publicidad, por media docena de eventos gratuitos al año muy publicitados. Se quita presupuesto en espectáculos de pequeño formato a los que cualquiera puede tener acceso, y se mantiene o se aumenta el presupuesto de los grandes espectáculos de pago.
No es solo un problema de reducción de cachés. Echándole un poco de imaginación, si queremos seguir viviendo de nuestro trabajo artístico la solución será dejar de contar en bibliotecas. Pero sería una pena. Porque las bibliotecas son un espacio democrático de cultura. O lo eran. La política no es solo economía y no es verdad que la externalización de estos servicios y la reducción de los cachés beneficie a los ciudadanos. El modelo de política cultural implícito en estos cambios es más clasista que el anterior y reconoce el derecho a la cultura solo a quien pueda pagarlo. Ciudadanos y ciudadanas, no sólo profesionales de la narración oral, tenemos algo que decir frente a esto.
Otros compañeros han reflexionado acerca de esta situación, aquí están, si te apatece leerlos: Légolas, Pep Bruno, Carles García
Magda
Eso es lo que se llama externalizar servicios. Las empresas privadas, para reducir costes, externalizan servicios que no tienen que ver con la tarea, el objetivo, la razón de ser de la empresa. Así que se suelen externalizar, por ejemplo, los servicios de limpieza o seguridad. ¿Cómo es posible que el Área de Gobierno de Artes o la Dirección General de Archivos, Museos y Bibliotecas considere las actividades culturales que se realizan en las bibliotecas como servicios que se pueden externalizar? Los clubes de lectura, las sesiones de narración oral de cuentos, son actividades de animación a la lectura. Si las bibliotecas son algo más que almacenes de libros, estas actividades son parte fundamental del trabajo que se debe realizar en ellas para que sus fondos se usen. Sería como si para reducir gastos en el Real se externalizara la contratación de los cantantes y se pagara de modo que finalmente un grupo de animadores socioculturales con buen oído y algo de formación musical cantara. Pero a lo mejor para mucha gente de la administración las bibliotecas son solo almacenes de libros. Y poco importa si se usan o no. Está claro que su modelo no es el de una biblioteca como un lugar de cultura y dinamización cultural, sino algo más parecido a un videoclub, una especie de lugar de alquiler de libros. Y si finalmente el préstamo de pago en bibliotecas se hace realidad, el modelo de funcionamiento será, desde luego, el de un video club.
Ocurre, además, que las actividades culturales de las bibliotecas son gratuitas. Cualquiera puede tener acceso a ellas. Y a eso se llama democratización de la cultura ¿no? Cuando las cosas cambian del modo como están cambiando, no es sólo que bajen los cachés, sino que se cambia un modelo de política cultural por otro. Apuesto a que no habrá rebajas de los cachés en los grandes eventos, esos que no son gratuitos. O en los eventos que se realizan puntualmente y son muy visibles, de relumbrón, como La Noche en Blanco o La Noche de los Libros. Se sustituye una labor semanal, cotidiana, que apenas tiene publicidad, por media docena de eventos gratuitos al año muy publicitados. Se quita presupuesto en espectáculos de pequeño formato a los que cualquiera puede tener acceso, y se mantiene o se aumenta el presupuesto de los grandes espectáculos de pago.
No es solo un problema de reducción de cachés. Echándole un poco de imaginación, si queremos seguir viviendo de nuestro trabajo artístico la solución será dejar de contar en bibliotecas. Pero sería una pena. Porque las bibliotecas son un espacio democrático de cultura. O lo eran. La política no es solo economía y no es verdad que la externalización de estos servicios y la reducción de los cachés beneficie a los ciudadanos. El modelo de política cultural implícito en estos cambios es más clasista que el anterior y reconoce el derecho a la cultura solo a quien pueda pagarlo. Ciudadanos y ciudadanas, no sólo profesionales de la narración oral, tenemos algo que decir frente a esto.
Otros compañeros han reflexionado acerca de esta situación, aquí están, si te apatece leerlos: Légolas, Pep Bruno, Carles García
Magda
martes, 7 de junio de 2011
Oir un cuadro
Lo que dirige el relato no es la voz: es el oído.
dice Calvino en "Las ciudades invisibles". En fin, que tanto darle vueltas a la escucha y Calvino con una sola frase lo dice todo. Pues eso.
Por una extraña asociación de ideas, cuando pienso "¿qué imagen le podría poner a esto que acabo de anotar?", me viene a la memoria un cuadro de Chardin.
Este:
Realmente no sé por qué. Lo ví en el Prado. Tampoco sé por qué me gustó como lo hizo.Hay misterio, el rastro de alguien, silencio. El rojo de las fresas es hermosísimo. Pero ninguna de estas cosas me explica del todo lo que sentí. Tal vez que la frase de Calvino ponga el acento en la relación y yo sientiera claramente afecto, casi como un golpe, un golpe de afecto, cuando ví el cuadro, conectan frase y pintura. En las dos, la relación lo es todo. Y entonces se me ocurre que escucho el silencio de esta pintura y que este silencio me acoje, me escucha, y que la hospitalidad de la que he estado hablando tal vez esté también en estas fresas, en este rojo, en este cuadro que me emociona.
Magda
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