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jueves, 27 de diciembre de 2012

PALOLUZ, un libro para l@s pequeñ@s



Desde hace unos días, PALOLUZ, el libro que escribí a cuatro manos con mi compi, Magda Labarga e ilustrado por nuestro amigo el impresionante ilustrador Alekos, está en una librería más: La Butaca de la Gata Roja , en Madrid. En pleno barrio de Lavapies. Un espacio acogedor, lleno de buen cine y buenos libros: un oasis para estos tiempos.

Cito las palabras del escritor peruano Jorge Eslava en el periódico "El Comercio":

"Este hermoso libro de Marissa Amado y Magda Labarga e ilustrado con un estilo muy particular y atractivo por Alekos, puede ayudar a los pequeños a enfrentarse a la oscuridad de otra manera. Es la historia de dos amigas que se quedan encerradas en un ascensor...sin luz.Para intentar olvidaro se toman de las manos e inventan palabras nuevas y mágicas que usan como clave para exorcisar sus miedos."


jueves, 6 de diciembre de 2012

¡Basta ! Contra la violencia de género

 
HISTORIAS DE MUJERES
 
Hace un par de meses estuve en Lima para la presentación de este libro en el que participé con un cuento, al lado de otras artistas, escritoras, actrices y narradoras. Todas las que quisiéramos decir algo sobre esta plaga que no es de ahora ni de ayer. En él publiqué el cuento "Juárez" que intenta ser una llamada más para no olvidar lo que pasa en esa ciudad y en el mundo. El libro, por ahora solo está en Perú, sin embargo espero que pronto se pueda leer en otros países.
 
 

JUÁREZ
Minifalda y cinta de terciopelo azul en el cuello. Le costó el salario de dos días, pero se la compró. Le parecía chulísima, y la acompañaba con un carmín oscuro, casi del mismo color. La Lupe le había dicho que no quedaba bien con su cara redonda y morena. ¡De puritito envidiosa nomás! Al cabo que a ella ni le importaba. Ya estaba soñando con el pirsin en su boquita azul. Seguro para después de la secundaria porque su mamá ni loca la iba a dejar “¡No sea pendeja mijita! ¡No vas a ir a la chamba con esa facha que te van a seguir!”

Y la siguieron.
Cuando la encontraron no le faltaba ni una uña.
Y el corte había sido impecable bajo la cinta
.
 


sábado, 12 de marzo de 2011

Acerca de decir y callar

“Al principio, Krebs, no quería hablar de la guerra. Luego sintió la necesidad de hablar, pero nadie quería escucharle. Aquel pueblo había oído demasiados relatos de atrocidades para que los hechos reales lo emocionaran. Krebs descubrió que para que le hicieran caso tenía que mentir, y después de haberlo hecho un par de veces él también tuvo una reacción en contra de la guerra y en contra de hablar de ella.”
De La patria del soldado, en Cuentos, de Ernest Hemingway, Editorial Lumen, Barcelona, 2007

Impulsada por el magnífico ensayo de Piglia, Formas breves, que por sí solo merece un largo comentario, leí a Hemingway. Recordé luego una reseña aparecida en El País acerca de la publicación en DVD de dos películas basadas en su relato Los asesinos. Las películas son Forajidos, de Robert Siodmack y Código del hampa de Don Siegel. De Forajidos recuerdo la mirada triste, resignada, de un bellísimo Burt Lancaster y un impresionante primer plano de Ava Gardner. Los dos tan jóvenes y bellos que quitaban el hipo. Las dos películas completan el cuento, y lo hacen de manera diferente, desde diferentes puntos de vista. Al leer Los asesinos entendí por qué es un relato fértil: se hace cargo del misterio. Deja sin contestar la pregunta fundamental. La plantea, nos la plantea, y deja hablar al silencio. Hemingway es un maestro de la elipsis. Hace que el lector sepa que los personajes no están hablando de lo que realmente quieren hablar, o de lo que deberían hacerlo. Piglia explica la teoría del iceberg de Hemingway “lo más importante nunca se cuenta. La historia secreta se construye con lo no dicho, con el sobreentendido y la alusión”. Y añade más adelante que usa con tal maestría la elipsis que en un cuento suyo “logra que se note la ausencia del otro relato”. Lograr que se note una ausencia sin hablar de ella. Comprobé esta afirmación impresionante leyendo El gran río Two-Hearted. La corriente subterránea de lo no dicho se siente, incluso te arrastra. El silencio te arrastra y sientes su fuerza mientras navegas con aparente placidez por la superficie. Todo esto me viene a la memoria después de haber incurrido en dos ocasiones bastante próximas en lo contrario: contar demasiado. Es una cuestión de oficio que no se note. Pero es una reflexión acerca de principios darle vueltas a esto del misterio y del silencio. Darle vueltas a lo que se calla y lo que se habla en una historia. Lo que plantea Piglia me viene bien para pensar en ello y asumirlo como una condición del relato, más allá incluso de cuestiones de estilo.
¿Para qué contar? Entre otras cosas, para hacer aparecer lo oculto, lo que no se ve. Pero ¿cómo hacerlo? ¿Cómo hacer que nos asomemos a eso que late bajo las apariencias? Tarea enorme esta de acercarnos al misterio. Y de eso se trata. De acercarnos al misterio, porque aunque vivimos en él, no nos damos cuenta.

Magda