miércoles, 20 de octubre de 2010

Lejos


Ya se ha publicado Lejos. Editan Anaya y Ediciones Autor. El martes 26 de octubre se presenta en sociedad en Valencia, dentro de la feria de teatro para niños y niñas Contaria. Las ilustraciones son de Ignasi Blanch. Es muy curioso ver cómo otra persona imagina los personajes que hasta ese momento sólo existían en mi imaginación. Nunca se parecen, es lógico, haría falta ser telépata para eso. Pero por ahora, en mi cortísima experiencia como autora, siempre ha habido maravillosas coincidencias, o increíbles hallazgos. Por ejemplo, en Berta, con ilustraciones de Ximena Maier, la imagen de la niña protagonista haciendo pis sobre el water me encanta. Y me consta que por lo menos a una niña que conozco, también. Su madre ya la ha sorprendido varias veces en la postura en cuestión. En Paloluz, ilustrado por Alekos, fue la imagen de Tim y Aristóteles en el mar. Para mí, tiene algo de vitral. La imagen de los niños tumbados en la hierba es la que reseño de Lejos. Es muy sencilla, pero me parece expresiva. La completo mentalmente, los hago hablar y de repente voy poco a poco al escenario, donde me gustaría ver a mis personajes moverse y sentir, escuchar sus voces, algún día.
Magda

lunes, 4 de octubre de 2010


Ha comenzado la temporada. Trajines, viajes, trabajo, amigos y amigas, cañas, conversaciones acerca del oficio, de todo habrá, como en botica. Estoy en Zaragoza trabajando con Marian y Ruth, de la PAI, y con Cristina Verbena. Estrenarán en el Pilar, el 15 y el 16 de octubre, un espectáculo infantil de cuentería y teatro, "Noticias de la Isla". Yo dirijo. Hace unos días, el 24 de septiembre, en la Noche de los Investigadores, Marina Sanfilippo y Alessandra Rombolá, con la complicidad y la presencia de Domingo González, Guillermo San Miguel y Cristina Mirinda presentaron " Antonio Meucci: El cable del destino". Yo también dirigí. De camino a Zaragoza, en el tren, ponían "Nine". En ella, la maravillosa Judi Dench dice en algún momento "Dirigir está sobrevalorado. Sólo tienes que decir sí o no". Casualmente, leo en estos días la entrevista de Mercedes Carrión, narradora oral y maga, a Dahd Sfeir, una enorme actriz de teatro que también narra, publicada en Primer Acto. Dahd Sfeir afirma que no hace falta dirección en los espectáculos de narración oral si el artista es lo suficientemente experimentado. Y tiene razón. Yo no estoy trabajando con profesionales nuevas en el oficio, entonces ¿qué estoy haciendo? Las dos divas parecen decirme "A ver, Magda, ¿qué estas haciendo?" En estos días, cuando amigos y amigas me preguntaban eso mismo, yo contestaba "Soy dama de compañía". Me costaba trabajo decir que estaba dirigiendo.
Creo que cuando se dirige un espectáculo de narración oral básicamente haces eso: acompañar. Acompañas en el proceso, lo facilitas, ayudas en el parto. Si, como es el caso, en los dos espectáculos se mezclan otras artes escénicas, el acompañamiento también incluye ordenar un poquito las cosas, "dirigir el tráfico". Qué significa acompañar es algo en cada caso diferente, y que a menudo se descubre haciendo. En el María Moliner encuentro esto: Es una de las distintas palabras derivadas del latín vulgar "companio, -onis" y "compania" , los cuales proceden de "panis, -nis", PAN, con el significado de comer pan juntos. Encuentro también dos acepciones que me gustan: Compartir. Tomar parte. Participar en un sentimiento o alegría de otro; y Tocar para que un cantante o solista ejecuten su parte. Cualquiera de estas definiciones me hacen pensar: comer el pan juntos y participar en la alegría de otro me lleva a imágenes de fiesta y celebración, de cena en mesa grande, bien conversada, con buena comida, buena bebida, buenos amigos. Pienso que esto es una bonita manera de ver una función de cuentos. Me viene a la cabeza un espectáculo de Teatro delle Ariette, "Teatro da Mangiare?" en el que los actores nos daban de comer alimentos que habían cultivado y cocinado. Hubo en esa función encuentro y celebración, dos cosas hermosas. Ir al encuentro del público, de una historia. Celebrar, participar en un ritual o una fiesta, jugar juntos, salir del tiempo cotidiano, entrar en otro, un tiempo sin tiempo. ¿Se podrá ver así también no sólo un espectáculo sino su preparación?
En estos días, tanto en "Antonio Meucci: El cable del destino" como en "Noticias de la Isla", he estado tocando mi parte para que mis solistas puedan ejecutar la suya. Y me gustaría creer que en medio del esfuerzo, del trabajo, hemos compartido pan y alegría. Tendré que pensar más en todo esto, en lo que significa dirigir, ese oficio sobrevalorado, y en lo que significa ser una buena dama de compañía.
Magda

lunes, 8 de marzo de 2010

La hospitalidad del relato

Leí hace poco, en enero, un libro de conversaciones con Kapuscinski que se llama "Los cínicos no sirven para este oficio. Sobre el buen periodismo". Kapuscinski hubiera cumplido años el pasado 4 de marzo. No sé por qué me conmueve este dato. (¿Porque yo nací el 2 y algún día también moriré?) En el libro hay una conversación con John Berger muy interesante y bella. Los dos hablan de narrar, de lo que es, de lo que significa. Apunto un fragmento de la conversación en el que habla John Berger. Aquí está:

"¿Por qué relatamos historias? ¿Para pasar el rato? A veces. ¿Para informar? ¿Para decir algo que no ha sido dicho todavía? Sí, a veces, sólo para ganarnos el pan de cada día o para hacer que la gente entienda lo afortunada que es, dado que hoy la mayor parte de los relatos son trágicos. A veces parece que el relato tenga una voluntad propia, la voluntad de ser repetido, de encontrar un oído, un compañero. Como los camellos cruzan el desierto, así los relatos cruzan la soledad de la vida, ofreciendo hospitalidad al oyente, o buscándola. Lo contrario de un relato no es el silencio o la meditación, sino el olvido. Siempre, siempre, desde el principio, la vida ha jugado con el absurdo. Y dado que el absurdo es el dueño de la baraja y del casino, la vida no puede hacer otra cosa que perder. Y, sin embargo, el hombre lleva a cabo acciones, a menudo valientes. Entre las menos valientes, y no obstante, eficaces, está el acto de narrar. Estos actos desafían el absurdo y lo absurdo. ¿En qué consiste el acto de narrar? Me parece que es una permanente acción en la retaguardia contra la permanente victoria de la vulgaridad y de la estupidez. Los relatos son una declaración permanente de quien vive en un mundo sordo. Y esto no cambia. Siempre ha sido así. Pero hay otra cosa que no cambia, y es el hecho de que, de vez en cuando ocurren milagros. Y nosotros conocemos los milagros gracias a los relatos."

Hay, desde luego, más fragmentos que transcribir. Escojo este porque me gusta la imagen de los relatos como camellos cruzando el desierto. Me gusta como respuesta al por qué cuento historias que los relatos crucen la vida ofreciendo, buscando, hospitalidad. Leo hospitalidad y me aparecen otras palabras como cobijo o amparo, y pienso que tiene razón. Los relatos nos cobijan en nuestro desamparo frente al absurdo. Un cobijo momentáneo, frágil, pero cálido y confortador. Nos ofrecen esperanza cuando nos dan cuenta de los milagros que a veces ocurren. Me gusta pensar que cuando cuento desafío el absurdo, (yo, que no soy nada valiente) aunque él tenga la victoria final. Que cuando cuento me rebelo contra la estupidez y la vulgaridad, o que es mi obligación hacerlo. Que lucho contra el olvido, aunque sepa que él tiene la última palabra. Y, sobre todo, que soy responsable de ofrecer la hospitalidad del relato. De todas las cosas para las que puede servir mi oficio, esta es la que me parece mejor. Ofrecer hospitalidad frente al absurdo de la vida.

Magda

lunes, 8 de junio de 2009

Galería de Fotos

"Con una pequeña ayuda de mis amigos" 1996





"Berberito Matalascañas y los contadores imprecisos" 1993


Marissa, Alfonso, Arantxa y Magda

Arantxa, Magda y Marissa